La pesca y el ecologismo radical

El manejo sesgado de informes del Imarpe por sectores anti inversión.

El modus operandi típico del ecologismo radical y los demás grupos enemigos de la inversión privada es crear relatos construidos a partir de mentiras con “sustento técnico” que respaldan sus anuncios dirigidos a alarmar y soliviantar a la población: no habrá agua, se envenenará la tierra, se morirá el ganado, vendrán enfermedades, etc. Esta misma plantilla está siendo utilizada hoy para paralizar la pesca industrial con el pretexto de que se está depredando la anchoveta.

El relato construido desde una ONG sostiene que las empresas pesqueras industriales (regla de oro radical: siempre demonizar a la empresa privada) han presionado para que el Estado les autorice a pescar indiscriminadamente anchoveta. Sostiene además, interpretando a su antojo un reporte del el Instituto del Mar del Perú (Imarpe), que el 28% de la anchoveta que se está pescando es juvenil, y que así se está acabando con ese recurso.

También insinúa que las empresas pesqueras se han puesto de acuerdo con el Imarpe para que aquellas puedan pescar anchovetas juveniles en la actual temporada. La prensa de izquierda, como es obvio, ha reproducido este relato con gran despliegue, pero resulta que su consistencia es tan sólida como la de un castillo de naipes.

En primer lugar, la credibilidad de la ONG en cuestión es escasa debido a sus antecedentes de alarmismo. En marzo del 2013, tras la segunda temporada de pesca del 2012, “denunció” que la biomasa de anchoveta se había reducido a la mitad, de 12 a seis millones de toneladas métricas, por sobrepesca. Sin embargo, un mes después un estudio del Imarpe reportó que el stock de anchoveta disponible para la pesca de mayo-julio de ese año ascendía a 12.1 millones de toneladas, ¡el más alto de los últimos años!

Pero el punto más débil de la campaña actual contra la industria pesquera está en cuestionar la independencia y capacidad del Imarpe. Este intento ha recibido como respuesta una declaración conjunta de tres expresidentes del Imarpe, quienes han señalado que ese instituto cuenta con más de 700 técnicos y científicos cuya labor ha permitido mantener la pesquería de la anchoveta en niveles sostenibles durante más de 40 años… “con base en un adecuado manejo de procesos de estudio de variables científicas fidedignas”.

Han señalado además que se está utilizando de manera interesada datos científicos del IMARPE para hacer afirmaciones sesgadas e insinuaciones dirigidas a desvirtuar la decisión de recomendar una cuota de 1.1 millón de TM para la segunda temporada de pesca. Los expertos precisan que dicha cuota fue asignada en base a un protocolo establecido, a las condiciones ambientales y cuidando la conservación del recurso.

De otro lado, el Centro Desarrollo y Pesca Sustentable (CeDePesca) ha señalado que el 28% de anchoveta juvenil que invoca la ONG ecologista radical para oponerse a la cuota pesquera industrial, fue detectado por Imarpe en octubre pasado, lo cual significa que llegarán a la adultez en febrero, debido a su rápido crecimiento. Para protegerlos, el Produce ha cerrado a la pesca los puntos donde están los juveniles. Por ejemplo, se ha cerrado la extracción de anchoveta en todo el norte hasta Casma.

CeDePesca también considera alarmista la versión de la ONG radical que sostiene que la pesca de anchoveta dañará la salud de los lobos marinos. Al respecto precisa que, según la Unión Mundial por la Naturaleza (UICN), las dos especies de lobos marinos que tiene el Perú no están amenazadas, y la pesca NO es un factor que las perjudique.

Lo que llama la atención es que el ecologismo radical se haga la vista gorda ante las embarcaciones pesqueras menores que supuestamente deberían pescar anchoveta para el consumo humano pero la venden a plantas clandestinas de harina y aceite de pescado. Esta actividad sí amenaza al recurso ya que con El Niño la anchoveta se pega a la costa, en donde quedará a merced de esa gran cantidad de embarcaciones menores que pescan sin sentido de la explotación sustentable del recurso.

Fuente: EL MONTONERO