Retos y oportunidades para el Bicentenario

Cayetana Aljovín
Presidenta SNP
Revista Negocios Internacionales de Comex Perú

La pesca ha representado en promedio el 1.3% del PBI peruano en los últimos 10 años. Ello a pesar de haber transitado hace unos años por periodos nada auspiciosos, debido a factores climatológicos como a políticas públicas inadecuadas.

En términos de exportaciones, los ingresos de este sector superan los S/ 10,700 millones; mientras que, a nivel de empleo, se generan más de 700,000 puestos de trabajo directos e indirectos al año, según el Instituto Peruano de Economía (IPE).

Sin embargo, hoy en día, un factor resulta preocupante: China y su menor demanda de harina y aceite de pescado, lo cual afecta al Perú, ya que el gigante asiático es su principal mercado.

En este contexto, y de cara al Bicentenario de la República, existen una serie de medidas que podrían ser implementadas a fin de asegurar la competitividad de la pesca peruana en los próximos años.

Una de las principales sería el fortalecimiento del sistema de asignación de derechos de pesca, el cual permite que la biomasa de la anchoveta se mantenga saludable —como lo demuestran las diversas evaluaciones del Imarpe— y cuyo sistema ha sido reconocido internacionalmente por la FAO, la OCDE y el Banco Mundial. Dada la experiencia positiva de este sistema, consideramos que debería ser ampliado a otras pesquerías, como la pota y el perico en el corto plazo, con la finalidad de asegurar su sustentabilidad.

Asimismo, resulta necesario reducir las cargas regulatorias a la industria de harina y aceite de pescado, debido a que, en los últimos 10 años, los aportes se han multiplicado por cuatro, lo que nos hace menos competitivos que Chile y los países de la OCDE. Esto, como consecuencia de la creación de nuevas cargas y el encarecimiento del programa de control y vigilancia. Al respecto, consideramos que, gracias a los avances tecnológicos que existen, los costos del mencionado programa se podrían reducir hasta en un 50%, sin afectar su alcance y efectividad.

Otra medida que nos permitiría aportar al crecimiento del sector, y por ende, del país, es el aprovechamiento de la biomasa de la anchoveta existente en el sur del Perú. En los últimos años, los desembarques de este recurso en dicha zona han disminuido drásticamente luego de que se eliminara —sin sustento técnico— el Régimen Especial de Pesca que permitía realizar capturas más cerca de la costa en atención a las características del zócalo continental, tal como ocurre en el norte de Chile.

A la fecha, la problemática descrita ha ocasionado el cierre de 7 plantas pesqueras en la zona sur del Perú y quedan solamente 1 planta operativa en el puerto de Ilo y 4 entre los puertos de Ático, Planchada, Matarani y Mollendo. Asimismo, ello ha originado que el Perú pesque la tercera parte de lo que pesca la flota chilena en el norte de Chile, cuando hace unos años las cantidades eran similares.

Según información del vecino país en la última IFFO, en 2018, se pescaron 785,000 toneladas de anchoveta en esta zona, mientras que el Perú solo pescó 234,000 toneladas.

En tal sentido, lo que se requiere es corregir esta política, a fin de que la pesca en el sur no siga disminuyendo, lo que perjudica a miles de pescadores, empresarios y la comunidad en general.

Por otro lado, consideramos que es clave dar impulso a la flota atunera nacional. En el norte del país, estamos dejando pasar una oportunidad única a pesar de la posición privilegiada con la que cuenta el Perú para el desarrollo de esta pesquería. Así, mientras que Ecuador ocupa el puesto 6 en el ránking de países que participan en esta actividad, nuestro país ocupa el puesto 44.

Tenemos la posibilidad de situarnos entre los principales productores de esta especie, lo que satisface la demanda del mercado interno y genera miles de puestos de trabajo y divisas para el país. Para ello, debemos reducir el precio del combustible a través de la eliminación del ISC, pues a la fecha los barcos peruanos pagan tres veces más que los ecuatorianos. Es una paradoja que nuestros niños y niñas en Qali Warma consuman atún tailandés cuando este podría ser perfectamente peruano.

Finalmente, no podemos llegar al Bicentenario con una pesca ilegal que no solo compite deslealmente con la industria formal, sino que afecta sobre todo la sustentabilidad del mar y sus recursos.

Los retos son grandes, pero no imposibles. El desafío será llegar al Bicentenario siendo líderes en la pesquería de anchoveta sustentable, ubicándonos entre los 10 principales productores de atún e implementando un programa eficiente de lucha contra la pesca ilegal que contemple incautaciones y cierres permanentes.

El Perú, cuando se traza metas, las logra. Hagamos que estos retos se conviertan en una gran oportunidad que beneficie a todos los peruanos.